Qué cine ver… en Navidad
La Navidad despierta sentimientos muy distintos en cada uno de nosotros, todos los cuales, cómo no, han sido recogidos por el cine, que bien por fábrica de los sueños bien por refugio para los que huyen, no podía olvidarse de ninguno de los arquetipos navideños: hay películas al gusto del viejo Santa y las hay también para el odioso Grinch; hay incluso otras que podrían juntar a ambos frente al televisor. Veamos entonces qué tipo de películas se acomoda mejor a cada uno de nosotros.
[A continuación las recomendaciones de Diego Parrado Cuarental]
Para muchos, la Navidad sigue siendo esa época del año en que uno debe prodigar la caridad y las buenas acciones; amar al prójimo, en definitiva, a la manera cristiana. A éstos les recomiendo una película que, pese a no ambientarse en estas fechas, es sin embargo más navideña que la propia Navidad: me refiero a Obsesión, de Douglas Sirk, el rey del melodrama. Lean si no su sinopsis: Bob Merrick (¡Rock Hudson!), un joven multimillonario, egoísta y engreído, sufre un accidente mientras conduce una lancha motora. En el hospital le aplican provisionalmente el pulmón artificial del doctor Phillips, que, desgraciadamente, sufre mientras tanto un ataque repentino y muere. El joven siente entonces el rechazo de los demás, en especial por parte de la viuda del fallecido, Helen (¡Jane Wyman!), de la que termina enamorándose. Tras descubrir la filosofía de vida del Dr. Philips, que ayudaba a los demás en secreto, Robert decide ponerla en práctica para conseguir a Helen, pero esta se queda ciega en un accidente por el que todos vuelven a culparle. Desde ese momento el joven será su benefactor, oculto bajo una identidad falsa, e intentará convertirse en un gran médico para devolverle la vista. Háganme caso: estas navidades, cambien la ya trillada ¡Qué bello es vivir! por esta otra de Sirk.
Por otro lado, la Navidad tiene mucho que ver con la infancia; es la fiesta de los niños, aunque también la de los hombres que estos días vuelven a esa infancia que, decía Rilke, es su patria. A estos —a los que tienen niños y a los que aún tienen algo de niños—, aunque la lista de películas a ellos dirigidas es interminable, les diría que vayan al cine a ver Arthur Christmas: Operación regalo, la película infantil de estas navidades. La cinta, muy divertida, nos muestra los entresijos de la familia de Santa Claus y da respuesta a algunas de las incómodas preguntas que suelen hacer a sus padres los más pequeños, como por ejemplo la manera en que Santa logra repartir todos los juguetes en solamente una noche o, también últimamente, por qué no podemos encontrar los dominios de Papá Noel en Google Earth. Que no les disuada ni el título ni el tema: la película, que, dicho sea de paso, ha sido nominada al Globo de Oro a la mejor película de animación, es inteligente y goza de un ritmo trepidante.
También las navidades son mesas atiborradas de comida, mesas a las que con los años van incorporándose nuevos comensales y, otras veces, muchas veces, mesas a las que van sobrando cada vez más sillas. La Navidad está llena de fantasmas, pero también de recién llegados; la Navidad, en este sentido, es el juego de las sillas, sillas que se disputan los abuelos ya ausentes, las nuevas cuñadas y los niños; los comensales, en este navideño juego, giran al son de la muerte, de los divorcios, del amor. La Navidad, así entendida, es pasado, es presente y es futuro; la Navidad es nostalgia pero es también esperanza. Esto se ve bastante bien en una película de Woody Allen, Días de radio, que aunque no aparece nunca en los tops de pelis navideñas creo yo que está imbuida del espíritu de la Navidad como la que más. No se la pierdan.
Hay, asimismo, quienes odian la Navidad. Sueñan éstos con secuestrarla, como hizo el Grinch, o con tomar el poblado de Santa Claus al más puro estilo de los terroristas de La Jungla de Cristal, película que por cierto transcurría durante las navidades y que siempre está bien volver a ver. A estos simpatizantes del Grinch podría recomendarles Bad Santa, un film basado en una historia de los hermanos Coen sobre dos delincuentes que, aprovechando las fiestas navideñas, se disfrazan de Santa y uno de sus duendes para hacerse sin sospechas con la caja de unos grandes almacenes, aunque me voy a permitir aconsejarles ver algunas de las adaptaciones del Cuento de Navidad de Dickens —Los fantasmas atacan al jefe, por ejemplo— por si corren la misma suerte que el viejo y gruñón Scrooge, que terminó aprendiendo a disfrutar de la estas fechas.
La Navidad, sí, nos obliga a ser felices. Bueno, ¡pues obedezcamos!
- Ir a «Qué leer… en Navidad», por Ane E. Galindo Azkunaga.
- Ir a «Qué escuchar… en Navidad», por Carlos Vaíllo Benito.


